La campaña en la calle
Antes de cualquier acto, la campaña ya estaba en la ciudad. En los bares, en el mercado, en las esquinas. Sin explicación: solo una imagen, un verso o un mensaje que invitaba a descubrir algo.
La campaña del 25 aniversario de Egemasa no arrancó en un escenario. Arrancó en la calle. El 11 de mayo aparecieron por la ciudad una serie de carteles encolados sobre papeleras, jardineras y marquesinas: sin firma, sin título, solo el símbolo de la campaña y un código QR que llevaba al podcast Une los puntos.
Al mismo tiempo, el Mercado de Abastos recibió una intervención inesperada: los portaprecios de los puestos mostraban letras de zánganos, el palo flamenco autóctono de Puente Genil. La identidad del pueblo, entre el olor a fruta y el ruido del mercado.
En los bares, librerías y comercios aparecieron las diez postales de la colección: fragmentos de historia, de oficio, de comunidad. Y en las mesas de esos mismos bares, 56.000 servilletas con el mensaje Cuidamos lo que nos une. Un objeto cotidiano convertido en soporte de la campaña.
Cuatro acciones. Un mismo hilo. El pueblo como galería.
Nazareno y olivares,
Puente Genil, tierra mía.
Nazareno y olivares,
corazón de Andalucía,
de besanas y parrales,
amistad y sana alegría.
Los membrillos pintan oros
por la orilla del Genil,
y el río, en su discurrir,
lleva en sus aguas un tesoro.
¡Vente a la Puente a vivir!
Hortelana soy, señores,
de la puerta del Sotillo
traigo rabanillos tiernos,
pero pican un poquillo.
¿Qué adelanto con quererte,
si no te tengo a mi vera?
Daría mi vida entera
porque pudiera tenerte
conmigo hasta que me muera.
Acaba ya de salir,
lucero de la mañana,
que te está esperando el alba
en el puente del Genil,
a las seis de la mañana.
Y no se hunde en el agua
membrillo que cae al río,
y no se hunde en el agua:
en la Puente es bien sabío
que, aunque tenga buena cara,
está por dentro podrío.
Desde aquel Niño Genil,
cante tengo en mi recuerdo.
Desde aquel Niño Genil,
Tenazas, El Seco y Juan Hierro,
por donde yo aprendí,
fue en la taberna de Pedro.
Nació de los hortelanos
el Zángano de La Puente,
cuando desgranaban maíz
en sus ferias ribereñas
a orillas del Genil.

